Las tropas franquistas entraron en
Valdecaballeros el día 13 de agosto de 1938 sobre las dos y media de la tarde. Se
trataba de efectivos que pertenecían a las Divisiones 11 y 19 del Ejército
franquista del Centro. Al día siguiente, pero más al sur, la División 60
franquista de su Ejército del Sur acababa ocupando Zarza Capilla, tras una dura
resistencia ofrecida por las tropas republicanas. Esas dos acciones combinadas
formaban parte de los últimos episodios de la ofensiva franquista llamada “Batalla
de La Serena” o, según la nombraron los propios mandos franquistas, cierre de
la “Bolsa de La Serena o de Mérida”.
El inicio de la “Batalla del Ebro”
el 25 de julio de 1938, junto con el contraataque que el Ejército republicano
lanzó sobre la zona extremeña el día 22 de agosto, acabó por estabilizar todo
el frente extremeño a partir del mes de septiembre de 1938. Los alrededores de
Valdecaballeros, y concretamente en las dos orillas de los últimos kilómetros
del río Guadalupejo hasta su desembocadura en el Guadiana, fueron transformados
por ambos ejércitos, hasta el final de la Guerra, como la nueva primera línea
del frente en esta zona. Los vados naturales, las carreteras y los puentes
sobre las cuencas de ríos y arroyos son fundamentales para la localización de
elementos defensivos, como así hemos constatado durante los trabajos de
prospección para la confección del Catálogo de Patrimonio de la Guerra Civil en
la provincia de Badajoz[1].
Así pues, por el lado de los franquistas estaba Valdecaballeros, mientras que
por el lado republicano quedó Castilblanco.
En lo que fue el sector franquista
los elementos más singulares que se conservan formaron parte de una “cabeza de
puente”. Este término militar está
definido por el despliegue defensivo en la margen donde se sitúa el enemigo,
por tanto, los franquistas ocupaban en ese punto ambas orillas sobre el puente
del Guadalupejo. En la fortificación de esta cabeza de puente sobresalen tres
construcciones blindadas, llamadas blockhaus o blocaos, establecidas por el
Batallón 521 de la Segunda Agrupación (25 Compañía del 7º Batallón de
Ingenieros) de la División 19 franquista que controlaba todo el sector. Los
trabajos fueron realizados por el Batallón de Trabajadores nº 129 que estaba formado
por prisioneros republicanos.
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Blocao de la guerra de África (Fuente: Centro de Historia y Cultura
Militar de Melilla)
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Ese tipo de construcción blindada,
en adelante blocao, tiene su origen en pequeñas construcciones de tierra y
madera utilizadas primero en la guerra de Cuba y luego en la zona del
protectorado español en Marruecos. En África fueron fortines construidos
frecuentemente con elementos prefabricados de distinto tamaño[2]. En su interior había espacio
suficiente para albergar una pequeña guarnición teniendo capacidad de defensa
en todas las direcciones. Posteriormente los ejércitos combatientes en la
Primera Guerra Mundial completaron este modelo defensivo incorporando el
blindaje con la utilización de hormigón armado. Esta última experiencia fue la
que los ingenieros militares utilizaron en la Guerra Civil Española.
Como se ha dicho, los elementos
defensivos más importantes de la cabeza de puente eran tres blocaos. Dos de
ellos situados en la orilla izquierda, en los parajes de Las Erillas y El Lomo,
y el otro blocao en la orilla derecha. Este
último está situado más al E y actualmente se encuentra sumergido. Estas
construcciones formaban un conjunto blindado que tuvo como objetivo el control
de la carretera, la antigua sumergida, que unía Valdecaballeros con
Castilblanco.
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Blocao de El Lomo |
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Arriba, trinchera y pozo de tirador. Abajo, acceso al habitáculo interior. |
En líneas generales se trata de
construcciones de hormigón encofrado de planta cuadrangular o rectangular, con
las esquinas achaflanadas, que presentan unas medidas en su exterior que oscila
entre 6 y 7 m de lado y 1,50 m de
alzado. Cuentan con aspilleras, repartidas por los cuatro costados, con unas
dimensiones similares, 30x26 cm en la cara exterior y 15x11 cm en la interior,
con una profundidad de 50 cm, que es el grosor de los muros.
El blocao ubicado en el paraje de Las
Erillas, a 170 m al Sur del actual
puente, está dotado de dos troneras para arma automática en las esquinas de su
lado oriental, tienen 90 cm de longitud y 40 cm de amplitud en la cara exterior
y presentan derrame escalonado. Las cubiertas están dispuestas a cuatro aguas
con escasa pendiente y su espesor es de 60 cm y se encuentra en buen estado de
conservación.
El interior de estas
construcciones se organiza en torno a un habitáculo que ocupa la parte central,
de tal forma que el resto del espacio queda configurado como pasillos de 1 m de
ancho aproximadamente. El habitáculo es de planta cuadrangular, de entre 3 y 4
m de lado, cuenta con dos accesos que poseen unas medidas que están en torno a
1,5 m de largo y 60 cm de ancho. Los blocaos tienen dos accesos dispuestos en
sus lados N y S, ambos conectan con una trinchera, de planta en L, que llega
hasta un pozo de tirador. Las trincheras presentan revestimiento de fábrica de
hormigón y su longitud que oscila entre 6,61 y 10, 85 m, tienen en torno a 80
cm de ancho y una profundidad que varía entre 1,16 y 1,49 m.
La pared de los pasillos del
interior de los blocaos, disponen de una repisa perimetral de 25 cm ancho que servía
como apoyo para los tiradores. En la repisa del blocao ubicado en Las Erillas,
en la esquina NW y SE, se aprecian inscripciones incisas en el cemento fresco,
en una se puede leer “JOSÉ GARCÍA GONZALEZ AÑO 1939 ESPAÑA” y en la otra
“ZAPADORES 7 25 COMPAÑÍA”. Inscripciones que se corresponden con la 25 Compañía
y al 7ª Batallón ya referidos.
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Arriba, inscripción en la esquina NW. Abajo, inscripción en la esquina SW. |
Por lo que respecta al sector
republicano, donde estaban desplegados efectivos de las divisiones 51 y 41, su
emplazamiento estaba alejado de la zona del río donde se ubicaba la cabeza de
puente franquista ya aludida, acercándose más a Castilblanco. Los vestigios
localizados se sitúan más al norte y cercanos a la orilla izquierda del
Guadalupejo. Por esa zona ya son reconocibles los restos de trincheras refugios
y pozos de tirador excavados en la tierra. Gracias al testimonio de un
propietario de una finca[1],
localizamos el elemento más singular de las líneas republicanas. Se trata de
una encina que fue reutilizada como puesto de tirador. Actualmente yace
arrancada conservando aún el hueco por donde se accedía a su interior y la
oquedad trabajada con azuela que la convirtió en aspillera para un fusil.
En las guerras cualquier recurso humano
y material entra en su juego, incluso el hormigón armado frente a la dureza de
la encina.
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Arriba, detalle de la aspillera. Abajo, la encina adaptada como puesto de tirador. |
[1]
Agradecemos al vecino de Castilblanco Ismael López López su amable explicación e
indicaciones sobre la zona.
[1] La
Diputación de Badajoz a través de su línea de subvenciones para las
asociaciones sin ánimo de lucro ha financiado dicho Catálogo.
[2]
Schnell Quiertant, P. y De Arnáiz Seco, J.M. “Manual descriptivo de obras
militares de la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid”. En Plan Regional de
Fortificaciones de la Guerra Civil (1936-1939) de la Comunidad de Madrid. (pp.
99-131). (p. 115).
Gracias,muy iteresante
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